Nery Persichini | Alivio por los menores costos, miedo a recaer en viejas tentaciones
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Alivio por los menores costos, miedo a recaer en viejas tentaciones

Declaración en nota publicada en La Nación el 19/04/2016.

grafico tir bonos

Buena parte de la explicación a la lluvia de ofertas de compra que logró atraer ayer el Gobierno con la emisión de bonos residió en la tasa de interés que ofreció pagarles a los inversores.

Para ponerlo en claro: quien ayer destinó US$ 1000 a la compra del nuevo bono argentino que vence en 10 años deberá esperar 8 años para duplicar el capital invertido, es decir, para convertirlo en US$ 2000.

El plazo es tres años inferior al que le tomaría conseguir lo mismo con un bono de Brasil y de 8 a 12 años más breve que le demandaría de haber adquirido ayer mismo un título de México o Chile, respectivamente, según un ejercicio realizado por la consultora Inversor Global.

La comparación no busca disimular el éxito obtenido por el equipo económico, que hizo gala de un eficaz manejo de los tiempos y desplegó una estrategia que ayudó a abaratar bastante el costo de la emisión, originalmente prevista a tasas más altas, dados los rendimientos de mercado.

«Fue clave no mostrarse tan necesitado y no dejarse tentar con la magnitud que tomaba la demanda. Así lograron que los compradores compitan por precio para entrar. Fue una buena manera de aprovechar el veranito financiero mundial para bajar el costo de reingreso a los mercados», explica Nery Persichini, economista de esa consultora y autor del juego de espejos citado.

«El tamaño definido para el libro de ofertas fue fundamental para lograr una baja ‘extra’ de la tasa», suscribe Juan Pablo Vera, analista de Tavelli & Cía. Su colega Leonardo Chialva, de Delphos Investment, estima ese beneficio en unos «50 puntos básicos la tasa que nos pedían a 10 años, lo que no es para desdeñar».

El cotejo realizado con los costos que enfrentan países semejantes, por el contrario, busca dejar en claro la incidencia que el «factor codicia» tuvo en el nivel de demanda y la tarea que resta cumplir para poder aprovecharla, pero con la expectativa de pagar tasas del 3,875%, como la que le cobraron a Colombia a mitad de marzo los inversores europeos, al comprarle un bono a 10 años.

Los analistas valoran positivamente el resultado que se hará oficial hoy y, especialmente, que la operación haya servido para confirmar que existe verdadero «apetito» por el riesgo argentino y hace ciertas la chance de financiar el ajuste económico sin acrecentar los costos sociales.

Pero a la vez advierten sobre los riesgos que conllevará convivir con el rol de «nueva Cenicienta» que seguramente asignará al país el mercado, ahora que los grandes fondos de inversión del mundo tienen la oportunidad de continuar con el proceso de relocalización de sus carteras destinadas a mercados emergentes (hace tiempo vienen desarmando parte de su exposición en Brasil, Ecuador, Venezuela, etc.), arbitrando dichas plazas más riesgosas por la Argentina, de menor riesgo coyuntural real y rendimiento superior. «Lo que vimos hoy es que a la Argentina no le cobraron por lo que es, sino por de dónde viene», dice Chialva.

El economista Manuel Oyhamburu cree que, al salir del Veraz global, la administración Macri podrá ejecutar «su plan del ‘mal menor’, en momentos en que la frazada es demasiado corta». «Esto es -explica-, financiar con endeudamiento externo parte de esta transición para evitar tener que hacerlo en el mercado local, donde el riesgo de caer en un fenomenal crowding out que aceleraría el ajuste comenzaba a ser elevado», dice. Entonces, el desafío será no abusar del recurso «recayendo en un festival de deuda, a menos que sea para cubrir inversiones en infraestructura», coincide Persichini.

«Siempre un esquema en el que te entran dólares financieros es menos preferible que el ingreso por el canal comercial. Por eso será necesario que el Gobierno reduzca el déficit fiscal a niveles sostenibles, para evitar que el ingreso de capitales derive otra vez en una apreciación cambiaria, que juegue en contra de la actividad interna y de la posibilidad de volver a una cuenta corriente superavitaria», concluye.

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